viernes, 10 de agosto de 2018

Universong

Di mi primer concierto de guitarra con 11 años.

Con 6 años, les cantaba canciones a los compañeros de colegio. Canciones de esa época.
Debo de haber sido engendrado  por una melodía, nada de lo que he hecho después, me ha hecho caminar. Recuerdo cantar canciones de mocedades, de pie, en el pasillo del autobús que nos llevaba al colegio, darle la brasa en el patio a compañeros con canciones que oía en el cassette del coche de mis padres: Mungo Jerry, Beatles, los Llopis, Los Mustang,  Wings, Los Javaloyas… me enamoré de una niña de clase con  “People stay” de Jackson Browne..

Eran los 70, mis padres me compraron una guitarra acústica Suzuki por 7.500 pesetas. Todavía veo alguna de esas por ahí… Pocos saben que los japoneses hacían auténticas joyas en aquella época. Aún la conservo. Con ella compuse cientos de canciones que fui guardando en cintas TDK que atesoro en cajones llenos de recuerdos. Muchas de ellas las grabé más tarde, con diferentes bandas y en diferentes épocas. A los 35 conseguí que, otro guitarrista, y tras darle la brasa varios años, se involucrara en mi proyecto, un disco recopilatorio de las canciones que más me gustaban, que más me definían, a  modo de testamento musical.

Siempre he diferenciado entre la música y la industria musical. La música no es de nadie, surge a través del compositor, catalizador, profeta, trovador…pero viene de todos los tiempos y lugares. Se transmite a través del intérprete y nos salva la vida, nos llena de Dopamina, excita nuestros transmisores y nos conecta con el universo. Entonces podemos reír, llorar, pegarnos de hostias, echar un gran polvo o gritar y aullar como un lobo sobre los valles desde la cima de una montaña.
Los seres humanos pensamos hacia adentro hasta que suena el ritmo. Entonces nos miramos unos a otros y comienza la magia.

Cuando apareció la industria de la difusión en masa, en esencia, la televisión, llegó el momento de empaquetar la magia en un envoltorio hecho de sueños, de historias inventadas, y venderla masivamente a uno pocos céntimos por pieza. Me imagino a Mozart, Dvorak, Tschaikowsky, nadando en dinero si la tecnología de la reproducción se hubiera inventado antes. Firmando autógrafos y leyendo en las gacectas  críticas de ignorantes sociópatas con ansias de popularidad.

La música ya no estaba en un edifico concreto, al alcance de unos pocos. Entraba en cada casa, a través de los shows televisivos, de las radios… La tele empezó a controlar un porcentaje de la industria, los djs de la radio sacaban una pasta poniendo música de otros.

En algunos países como EEUU  la meta era el dinero, desde el creador hasta el vendedor. Todo el mundo podía forrarse.
En otros países, fue rápidamente digerida por el estado y distribuida según el criterio de su mano negra. En España,  grupos como los Mustang fueron los encargados de traducirla al español, único idioma comprensible para los españoles de aquella época, para deleite de los guatequeros, de cuyos polvos salimos muchos.

¿De dónde viene este retraso cultural en España?
Al contrario de Otros países, España era un país pobre, en esencia Caciquista.
Los terratenientes del siglo XVIII, se encontraron de repente con un siglo XIX industrial y proletario, y tuvieron que pagar un golpe de estado al ejército para conservar sus privilegios. El proletario volvió a convertirse en un campesino a las órdenes del señorito, y el país pasó por una larga etapa de oscuridad musical, donde no había importación ni dinero para consumir masivamente el producto música.
 Los aparatos reproductores y soportes con canciones grabadas a aguja eran pocos, y estaban en poder de los agraciados por el régimen. Todo se reducía al NODO y a la radio estatal, donde nos machacaban los jingles del  tipo del Negrito del áfrica tropical y cantaores folclóricos.
Queda claro, que la música es indispensable. Se utiliza para levantar masas, para adormecerlas, para despertarlas, para arruinarles la cuenta corriente…
 Parece que solo hay tres cosas necesarias para tener a la gente unida y manejable: una bandera, una mentira, y la música. Los tres putos anillos de los elfos.